
Durante una gira en el Estado de México, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una de sus promesas más ambiciosas: al final de su sexenio, el salario mínimo alcanzará para cubrir 2.5 canastas básicas.

Actualmente, el ingreso mínimo apenas cubre 1.7 canastas, por lo que su objetivo implicaría un incremento histórico en términos reales. Sheinbaum aseguró que, con esta medida, fortalecerá el poder adquisitivo de los trabajadores y reducirá la desigualdad. Incluso recordó que en los últimos años, gracias a sus políticas sociales y aumentos salariales, 13.5 millones de personas salieron de la pobreza.
Sin embargo, la promesa generó controversia. Mientras simpatizantes aplauden la propuesta como un paso firme hacia la justicia laboral, especialistas advierten que un alza de esa magnitud podría desatar inflación, presionar a las empresas y poner en riesgo la estabilidad fiscal del país.
La mandataria también subrayó que el cumplimiento de esta meta dependerá de que pueda concluir su administración “sin interrupciones”, en clara alusión a la consulta de revocación de mandato.
¿Será este un avance histórico para los trabajadores mexicanos o una promesa populista difícil de sostener en la realidad económica del país?
