El Departamento de Justicia de Estados Unidos soltó una bomba este lunes: Julio César Montero Pinzón, alias “El Tarjetas”, alto dirigente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), y su media hermana Griselda Margarita Arredondo Pinzón, fueron acusados de fraude millonario y lavado de dinero a través de tiempos compartidos.
La acusación va más allá del narcotráfico: Washington sostiene que el dinero de las estafas sirvió para financiar a una organización terrorista extranjera, etiqueta con la que EU ya clasifica al CJNG. Y con ello, la polémica está servida: ¿estamos viendo un nuevo frente en la guerra contra los cárteles, o es una estrategia política de Estados Unidos para endurecer sus acciones en México?
“Este alto dirigente de una organización terrorista extranjera presuntamente defraudó a ciudadanos inocentes para financiar el terrorismo contra el pueblo estadounidense”, declaró la fiscal Pamela Bondi.
Para el FBI, se trata de un fraude global que desde 2012 ha afectado a miles de dueños de tiempos compartidos, generando millones de dólares que, según EU, fueron a parar directo a las arcas del CJNG.
Lo más polémico es el lenguaje que utilizan: “cárteles terroristas”. El gobierno estadounidense ya no solo los trata como narcotraficantes, sino como amenazas al nivel de Al Qaeda o ISIS.
Ahora, la gran pregunta es:
¿Se busca justicia para las víctimas, o se está preparando el terreno para una intervención más dura contra México?
¿Qué implicaciones tendrá para nuestro país que uno de los cárteles más poderosos del mundo sea oficialmente señalado como “terrorista”?
¿Cómo responderán las autoridades mexicanas ante este nuevo capítulo del eterno conflicto binacional?
Lo cierto es que, con esta acusación, Estados Unidos no solo golpea al CJNG en su bolsillo, sino que también abre un debate explosivo sobre soberanía, crimen organizado y la etiqueta de “terrorismo” aplicada al narcotrá
fico mexicano.
