
Un estudio reciente sugiere que las vacunas de ARN mensajero contra COVID-19 podrían tener un efecto adicional al de proteger frente al virus: ayudar al sistema inmunitario a reconocer algunos tumores que anteriormente lograban pasar desapercibidos.
La investigación analiza la posible relación entre estas vacunas y la inmunoterapia contra el cáncer, particularmente los tratamientos conocidos como inhibidores de puntos de control inmunitario.
Los tumores pueden desarrollar mecanismos que les permiten esconderse de las defensas del organismo. Por ello, los investigadores distinguen entre tumores “calientes”, que son más fácilmente reconocidos por el sistema inmunitario, y tumores “fríos”, que consiguen permanecer prácticamente invisibles.
De acuerdo con el estudio, la vacunación contra COVID-19 podría generar temporalmente un estado de activación del sistema inmunitario que facilite el reconocimiento de estos tumores. La idea es que la vacuna ayude a “encender” la respuesta defensiva, mientras la inmunoterapia evita que las células cancerosas vuelvan a frenarla.
Los investigadores analizaron a pacientes con cáncer de pulmón y melanoma que recibían tratamiento con inhibidores de puntos de control. En los pacientes con cáncer pulmonar avanzado que habían recibido una vacuna de ARN mensajero alrededor del inicio de la inmunoterapia, la supervivencia media fue de 37 meses, frente a 21 meses entre quienes no habían sido vacunados.
Sin embargo, los resultados no significan que las vacunas contra COVID-19 sean un tratamiento contra el cáncer ni que puedan curarlo por sí mismas. Se trata de evidencia sobre una posible combinación con tratamientos oncológicos que todavía requiere mayor investigación.
El hallazgo abre una nueva línea de estudio sobre las vacunas de ARN mensajero y sus posibles aplicaciones en oncología, una tecnología que ya está siendo investigada para desarrollar vacunas específicamente dirigidas contra determinados tipos de cáncer.
